Si bien desde principios de siglo comenzaron a aparecer en el país aparatos y u tencillos modernos como los artículos importados de la Mexican General Company, diseñados para ''calentar y cocinar por medio de la corriente eléctrica'' La condición indispensable para los electrodomésticos a los hogares fue contar con electricidad y la masificación de este servicio tardo muchos años en llegar. Mientras tanto, los refrigeradores con los que se contaba eran unos muebles de madera con un cajón especial para el hielo, el cual era entregado diariamente en los hogares por camioneros armados de guantes, picahielos y pregones.
Hacia los años cincuenta, a la par que se extendió la electrificación en los hogares, principalmente en las zonas urbanas, el uso del refrigerados eléctrico se generalizo junto con los nuevos aparatos electrodomésticos, como la licuadora con cuchillas inoxidables y dos velocidades, los extractores de jugos etc. Poco a poco estos objetos fueron modificando la manera de preparar los alimentos y transformando el tiempo y las maneras de realizar las labores domesticas. Junto a la revolución que significo en el interior del hogar el uso de los aparatos tecnológicos, se encuentra la popularización del automóvil. Desde que este invento comenzó a llegar a México, a principios del siglo XX, se convirtió en un símbolo de estatus social; con el tiempo y su fabricación en serie, la oferta de automóviles creció vertiginosamente dirigida, principalmente, a las clases medias que se extendían en las ciudades y que comenzaron a considerar este medio de transporte como un patrimonio indispensable, no solo por el servicio practico que este ofrecía, sino también como un emblema del ascenso social.